Los inicios del aeropuerto de Barranquilla

Estudiar el pasado nos ayuda a comprender nuestro presente. Para entender como el aeropuerto de Barranquilla se convirtió en uno de los más importantes de la región debemos remontarnos a sus orígenes. Se pueden diferenciar claramente tres etapas históricas del aeropuerto: 

El aeropuerto de veranillo 

Por allá en 1919 varios empresarios alemanes y colombianos, entre ellos mi bisabuelo Ernesto Cortissoz Álvarez Correa, decidieron fundar SCADTA, La Sociedad Colombia Alemana de Transporte Aéreo, primera aerolínea comercial de Colombia y América. 

Estamos hablando de una industria nueva que no estaba regulada y hay que aclarar que la construcción de aeropuertos en Colombia estuvo desde sus inicios a cargo de cada compañía de aviación que prestara servicios a una ciudad.

Como centro de operaciones se escogió el sitio de veranillo, una pequeña bahía natural que se forma en la rivera del río Magdalena. Quedaba en el Caño de las Compañías, adyacente al puerto fluvial de operaciones de la empresa alemana Hanseatica, Lindemeyer, Wiese & Co. 

Hay que recordar que las primeras aeronaves eran hidroaviones, Junkers que acuatizaban en el río, de hecho fueron ensamblados junto al río en hangares que aun se conservan en lo que hoy en día es la Escuela de Suboficiales de la Armada. 

Pero en pocos años la aviación se desarrolló rápidamente y para 1930 la tecnología de los hidroaviones había sido re¬emplazada por aviones que aterrizaban y necesitaban una pista adecuada para tal propósito. 

El aeropuerto de Soledad

Fue la empresa PANAM, quien secretamente había com¬prado SCADTA entre 1930 y 1931, la encargada de escoger los terrenos para construir la pista, y para eso enviaron a su piloto Charles Lindbergh en un vuelo exploratorio en 1931. 

Escogieron la población adyacente de Soledad, que en la época distaba 8 kilómetros del casco urbano de Barranquilla, y tras comprar los terrenos construyeron una torre de control, un terminal de pasajeros y un hangar. 

En 1940 SCADTA se convirtió en Avianca y junto con PANAM estableció en el aeropuerto de Soledad uno de sus tres talleres de mantenimiento de talla mundial además del de Miami y Brownsville, Texas. 

Algo poco conocido es que en plena Segunda Guerra Mundial, el Aeropuerto de Soledad sirvió de base para la Marina de los Estados Unidos, que instaló una estación para sus dirigibles, los cuales eran usados para detectar submarinos alemanes en el Caribe. 

Justo en 1945, cuando terminó la guerra, surgió LANSA, Líneas Aéreas Nacionales S.A. con sede también en Barranquilla. Para empezar a operar la empresa tuvo que construir su propio aeropuerto. Pero duró muy poco pues el contrato que Avianca tenía con el gobierno para distribuir el correo en el país le daba un ventaja competitiva. Lo que fuera la pista de aterrizaje quedaba donde hoy en día está localizado el bulevar del popular barrio Simón Bolívar.

Fue en 1946 que varias empresas British South American Airways BSAA y la Compañía Real Holandesa de Aviación KLM establecieron vuelos internacionales que partían de Barranquilla rumbo a Londres, pasando por Bermuda, o ha¬cia Miami Nueva York, Curazao y de ahí a las Antillas. Fue así como el aeropuerto de Barranquilla se convirtió en un importante hub internacional que no tenía igual en el país.

En 1956 la Empresa Colombiana de Aeródromos adquirió el aeropuerto de Soledad, el cual pasó a ser administrado por el gobierno. Y tres años después con la inauguración del aeropuerto internacional El Dorado de Bogotá, el aeropuerto de Barranquilla pasó a un segundo lugar en importancia en el país. Mientras tanto a nivel nacional empresas como Aerocondor, Aerocosta y Líneas Aereas del Caribe, construyeron sus sedes de operaciones en el terminal de Soledad.

La tecnología aeronáutica seguía avanzando y en 1966 los aviones Boeing 727 requerían una pista de aterrizaje más extensa. Fue entonces que la pista del aeropuerto de Soledad fue ampliada. Y se vio la necesidad de modernizar el aeropuerto de modo que Barranquilla recobrara su importancia como puerto internacional.

En mi próxima columna les contaré los pormenores de cómo el Ernesto Cortissoz evolucionó hasta convertirse en el importante aeropuerto internacional que es hoy en día. 

 

por: Beatriz E. Mendoza

Nació en Barranquilla, Colombia, en 1973. Beatriz Elena Mendoza Cortissoz, conocida como “Butis”, estudió Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y asistió a talleres literarios en la “Casa de Poesía Silva”. Tras su grado, emigró a Estados Unidos donde ha trabajado como periodista para los principales medios en español del país. Ha publicado cuentos y poesías en las revistas literarias “Puesto de combate”, “Nagari”, “Baquiana”, “Conexos” y “La Casa del Hada”; en las revistas literarias digita¬les “Narrativas” y “Letralia, tierra de letras”; y en el suplemento dominical del periódico “El Heraldo”. Su relato “Toñita” fue incluido en la antología “Rompiendo el silencio, relatos de nuevas escritoras colombianas” (Planeta, 2002). Publicó el poemario “Esa parte que se esconde” (Editorial MediaIsla, 2011). Es ensayista y autora de la bitácora www.paramatareltiempo.blogspot.com y utiliza este blog para publicar sus crónicas, reseñas y entrevistas a personajes de la cultura y el entretenimiento hispano. En la actualidad prepara un libro de cuentos y una versión bilingüe de su primer poemario. -  Beatriz E. Mendoza